Abrazados y ambos de negro, levitando sobre una acera. Ella no quería soñar y él reía para no llorar. Entonces la luz se atenuó y la lluvia arreció, en tanto la amnesia favoreció. La calle tuvo el detalle de dejarlos solos.
Abusivo, violento y soñador. Distraída, pensativa y escéptica. Bajo un refugio natural y aguas que no mojaban, con un beso sellaron una historia que terminaba tan triste que nunca pudo comenzar. En la puerta de un bar ella devino sombra y se cubrió de luz, así desvaneciéndose.
Una vez le contó un amigo común que la vio en el sur. Quizás en una biblioteca en São Paulo, tal vez drogándose en Buenos Aires, posiblemente festejando en Montevideo o deprimida en Santiago. Esta elegía lamenta que no sea Bogotá.
Deseando que la luz se atenúe de nuevo y que vuelva la tormenta...
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