Imaginemos un alfarero. Éste lleva en sus manos arcilla y se dispone a crear un humano, o mejor, varios humanos; va formando sus narices, ojos, orejas, tibia, peroné, aorta, abdomen, pelvis, tórax, garganta, pecho, surco nesolabial, epigastrio, válvula ileocecal y, en general, todos sus órganos. Decide qué forma tienen y qué función cumplen en el cuerpo.
El alfarero ingresa en la mente de su objeto de control, hace que piense como él piensa, hace que sienta como él siente, siembra sus buenos principios, sus valores, su bondad, su intelecto, su conducta, transmite sus intereses y su conocimiento, infunde desconfianza por traspasar fronteras que no se deben pasar, cerciora que crea sus creencias, aclara que el mundo se divide en buenos y malos siendo él parte de los primeros, transforma su obra de tal forma que sea “a su imagen y semejanza”, para cumplir con su objetivo: una escultura perfecta.
Este espacio busca mirar con algo de recelo a los alfareros inmersos en la sociedad; artesano padre, artesana madre, artesano jefe, artesana jefe, artesano profesor, artesana profesora, artesano novio, artesana novia, artesano esposo, artesana esposa, artesana historia, artesano pasado, artesano gobernante, artesana gobernante, artesano héroe, artesana heroína, artesano machista, artesana feminista, artesano cura, artesana monja, artesano experto, artesana experta, artesano libro, artesano terrorista, artesano asesino, artesano secuestrador, artesanos y artesanas de todas partes, de todos los oficios. Pero en especial al gran artesano, al padre artesano, al hijo artesano, al espíritu artesano, a quien nadie conoce, a quien no se ve, a quien no se sabe. Pero que "existe" y justifica artesanos. Artesano de artesanos. Quien todo lo puede, omnipotente, y quien a todo llega, omnipresente. Alfarero del magnífico e irrefutable don de la obediencia. A él, este espacio.
Para alfareros. Para objetos de control. Para para-alfareros.A todos ellos, este espacio.
Aunque, por encima de todo y en ellos creyendo: para auto-alfareros, este espacio. Los que deciden. Los que hacen la diferencia sin ser alfareros, a pesar de estar rodeados de un mundo en el que parecen reinar éstos.
Si esta es la primera vez que ingresa a este sitio, le recomendamos leer la introducción para comprender su contenido.
martes, 7 de octubre de 2008
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