El hombre escuchaba: Usted es el hombre de mi vida, sólo usted me da la confianza para ser como soy, natural, instintiva. Nunca lo olvido, siempre lo pensaré, siempre estaré muy segura de usted, siempre estaré pendiente de usted. Usted es el amor de mi vida. Esto que ve y hago es sólo para usted.
Al treceavo día el hombre murió, la vida se lo arrebató, murió llevándose su posibilidad de amar. Trece días de luto. El muerto muerto está y así se quedará. Su cruz ardió meses enteros y las llamas más lo mataban y desvanecían su historia.
Y al treceavo día otro hombre, rico en monedas y calle, escuchaba palabras nuevas: Usted es el hombre de mi vida, sólo usted me da la confianza para ser como soy, natural, instintiva. Nunca lo olvido, siempre lo pensaré, siempre estaré muy segura de usted, siempre estaré pendiente de usted. Usted es el amor de mi vida. Esto que ve y hago es sólo para usted.
Y así será: muertes y palabras nuevas cada noche.
Si esta es la primera vez que ingresa a este sitio, le recomendamos leer la introducción para comprender su contenido.
jueves, 6 de mayo de 2010
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