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lunes, 1 de febrero de 2010

Dormir y no vivir

Y la arena del tiempo, que antes era sólida y compacta y que no nos preocupaba, hoy fluye como agua entre nuestras manos y se escapa entre nuestros dedos. Y quisiéramos detenerla, para poder dar más pasos antes que siga goteando. Y aparecen el miedo, los valores y la monotonía, que paralizan nuestros pasos y los hacen retroceder. Nuestras huellas más y más delebles.

"Tengo sueño, mañana madrugo, niños: a dormir, estoy cansada, estoy agotado". Contundente homenaje a la docilidad ante su majestad la seguridad y su lúgubre séquito.

Y se desea el éxtasis y vivir sobre el filo de la navaja, pero las mentiras que en sueños tanto engañan y calman, nos hacen más dóciles, disciplinados, solitarios, decadentes y dolorosamente conformes, tranquilos, sobrios y, ante todo, muy seguros y felices.

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