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viernes, 27 de marzo de 2009

La sustancia

Ese helado domingo de verano ante usted acepté mi adicción. Adicción supuestamente generalizada, ninguna sustancia en particular. Todas las drogas por igual.

Ignorante tal vez, atrevido tal vez, con esa afirmación pretendí negar lo innegable. Quise desconocer la vida vivida. No quise aceptar esa realidad que más de dos centenares de veces había sido en mí real.

Hoy, más helado miércoles sin estación, rectifico. Usted dilata mis pupilas, eleva mi frecuencia cardiaca, dificulta mi habla, neutraliza mi olfato, nubla mi vista, agudiza mi oído, sensibiliza mi tacto, aumenta mi respiración, me genera insomnio, seca mi boca, me produce escalofrío, pierdo la memoria inmediata. Alucino.

No hay otra sustancia, no hay otra cosa que logre eso en mí. Usted me despoja de mí. Usted es mi sustancia. Yo la consumo, usted consume mis sentidos.

Usted es mi adicción. Que nunca me la prohiban. Ni el príncipe, ni el sacerdote, ni el mariscal lo pueden. Usted es mi legítimo derecho. Usted es mi dosis personal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

super romantico