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lunes, 13 de octubre de 2008

Autoestima

LA reina, sí, es LA reina, la que cuenta cómo el mundo está trastornado, embellecido por la humedad de la más terrible de las lluvias, de lo más disuasivo a la naturaleza humana, es LA reina, LA reina. La que llora en lo profundo de su ser, la que no se conoce, la que pide a gritos inentendibles atención de sí misma. LA reina. Aquella que por más que se llena no se siente completa, que por más que se mira en un espejo se ridiculiza, come y come, y vuelve a comer, y comer, y comer, comer, comer. Pero no se llena. Clama por los demás, pide en otros su compañía, El mundo me castiga –dice-. Pero así cambié el mundo, así se transforme y oferte sus demandas, así pase LA hecatombe, siempre vivirá vacía. En la más profunda vacíes, es LA reina.

Su atención está puesta en lo ajeno, en lo de otros, en un mundo que, por más que intente, no le pertenece. No se pertenece, ni siquiera se conoce, es del mundo, es de acción y reacción, del entorno. Es su propia victima.

Si pretende que el mundo le pertenezca y le cambie, será siempre LA reina. La reina inmersa en su caverna, sin siquiera conocerla.

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